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Mi Parto (III)


Ya os dije, en el post anterior, que cuando nació mi hija se la llevaron a cuidados neonatales. Todo aquello que tanto deseaba, nuestro rato solas, piel con piel, tranquilas junto a papá, ofreciéndole mi pecho para que mamase... Todo aquello se esfumó en el momento que se la llevaron.


Me dieron cuatro puntos, me bajé del potro y volví a mi cama como pude, el celador me llevó en silencio a la sala de dilatación para que me recuperase un poco de la anestesia. Mi marido estuvo un rato conmigo pero enseguida se fue a ver a la niña.

Sobre las 7 de la mañana me dieron el alta en paritorio y me mandaban de nuevo a la habitación. 

Cuando pensaba en ese momento me imaginaba saliendo en mi cama, tumbada con mi hija en brazos y mi familia mirándola con todo su amor. Sin embargo salí sola, sin mi bebé, y con sus miradas de pesar y consuelo. Apunto estuve de echarme a llorar. Pero tenía que ser fuerte por mi pequeña.

Pasó un rato hasta que mi marido subió a la habitación. Ya allí me enseñó algunas fotos que le había hecho. Mis ganas por ir a verla no hacían más que crecer, pero hasta las 9 no podría ir... Sí, en cuidados neonatales se pasa cada 3 horas para dar de comer a los bebés y estar con ellos.

Por fin fuimos a verla. Pasé y ahí estaba mi niña, rosadita, pequeña, y con unos cables que me impedían cogerla bien. Menos mal que había una enfermera muy maja que me ayudó en todo momento.

En ese momento pude ponérmela al pecho, pero la pobre se acurrucaba y se dormía sobre mi. La enfermera y yo intentábamos despertarla para que comiese, daba tres chupetones más y volvía a dormirse. Después de mucho rato le dieron un biberón, muy a mi pesar. Cuando las demás madres salieron, y estaba yo sola, pudo entrar mi marido y estuvimos un rato más con ella. Volví a las 12 y a las 15, en esta última la pediatra me informó de lo ocurrido y que por precaución estaría 24 horas allí. Me quedé hecha polvo, porque desde las 12 ya no tenía el oxígeno puesto y creía que le darían el alta pronto...

Como continuaba igual y seguían dándole biberones, una de las enfermeras me dijo que pasase a la sala donde tenían los sacaleches y que probase a ver, que si sacaba algo era mejor para la niña. Después de 3 tomas que había ido fue cuando me lo dijeron. No a la primera, no, a la tercera. Se suponía que iba a estar allí 24 horas... podrían habérmelo ofrecido antes, ¿no?

En la toma de las 6 volvimos a ir. Cuando todas las demás madres se fueron, yo avisé a mi marido para que pasase a ver a la niña mientras yo iba a probar suerte con los sacaleches. Al salir, había pasado por allí la pediatra del turno de tarde y nos dijo que la niña estaba muy bien ya, que llevaba sin el oxígeno desde las 12 y que como iba tan bien le iba a dar el alta para que la subiesen a la habitación con nosotros. Jamás en la vida he sentido tal alivio.

Sé que hay madres y padres que pasan mucho más tiempo allí, más del que desearían, pero para nosotros fue un gran alivio.

A las 7 de la tarde volvió mi marido con ella a la habitación. Yo ya estaba más feliz y tranquila. Y ella con nosotros porque además no consentía quedarse en la cuna, ni siquiera para dormir.

Y así fue mi parto. Doy gracias a que todo quedó en un sustillo y unas horas separadas. Ya os contaré como fueron mis días en el hospital porque algunas cosas eran para respirar muy hondo y no pegarles tres voces a las señoras enfermeras...

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